El reinado de Fernando VII (1814-1833)


En el reinado de Fernando VII ya se plantearon muchos problemas que marcarían la evolución histórica de España en el siglo XIX.

Por un lado, la voluntad de restaurar el absolutismo del monarca chocó contra las continuas tentativas de los liberales de instaurar el régimen previsto por las Cortes de Cádiz. 

Por otro, en este período se independizaron las colonias americanas y se inició un problema sucesorio que iba a provocar 3 guerras civiles a lo largo del siglo, las llamadas guerras carlistas. El reinado de Fernando VII se dividió en 3 fases.


4.1.La restauración absolutista (1814-1820)

Fernando VII entró en España el 22 de marzo de 1814. A su llegada a Valencia recibió 2 apoyos, uno militar y otro político, que reafirmaron sus intenciones de derogar la Constitución y restaurar el absolutismo. 

Además, un grupo de diputados conservadores presentó el Manifiesto de los Persas, un escrito en el que también exigían la abolición de la Constitución de Cádiz y la reimplantación del absolutismo.

Por lo que la Constitución fue derogada y se recuperaron las instituciones de gobierno propias del Antiguo Régimen y el poder absoluto.

Los liberales fueron condenados a prisión o a destierro. Se restablecieron los señoríos feudales, se restauró el Tribunal de la Inquisición y se aceptó el regreso de los jesuitas. Respecto a las propiedades desamortizadas, el rey se negó a devolver aquellas que se habían expropiado antes de 1814.

La restauración absolutista de Fernando VII contó con un contexto internacional favorable. Algunas de las principales potencias europeas, como Austria, Rusia, Prusia y Francia se unieron en una coalición llamada la Santa Alianza con el objetivo de restaurar y defender las monarquías absolutas.

El retorno del Antiguo Régimen no ayudó al país a recuperarse de la grave situación económica. La actividad económica había quedado paralizada por el conflicto y el Estado estaba en bancarrota económica. A esta situación hubo que añadir el desarrollo de los movimientos emancipadores de las colonias americanas.

La guerra también implicó cambios en el ejército, que creció gracias a la incorporación de los antiguos cabecillas guerrilleros. Campesinos o miembros de la burguesía urbana se convirtieron en oficiales. Por lo que se empezó a contar con un ejército nacional que incorporaba diferentes ideologías.

Esta situación, favoreció las rebeliones militares o pronunciamientos, afines a la ideología liberal.

4.2.El trienio liberal (1820-1823)

En enero de 1820, el coronel Rafael del Riego proclamó la Constitución en Cabezas de San Juan (Sevilla), apoyado por un ejército que estaba cerca de Cádiz.

Ante esta situación, el rey Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución y convocar las Cortes. Así se implantó el Estado liberal.



Se recuperó parte de la obra legislativa de Cádiz, como la supresión de la Inquisición, la eliminación de los gremios, las desamortizaciones, la garantía de los derechos y libertades de los ciudadanos o supresión de los señoríos.

Cabe destacar la creación de la milicia nacional, un cuerpo de voluntarios armados encargado de conservar el orden público.

Además, empezaron a aparecer divergencias de opiniones entre ellos. Aquellos que provenían de la experiencia constitucional de 1812 eran moderados, pero los más jóvenes, buscaban reformas más radicales, por lo que se les llamó exaltados.

Existía también una oposición absolutista ejercida por las clases privilegiadas y el mismo monarca.La reacción popular fue indiferente o incluso hostil, en algunos campesinos que resultaron perjudicados por los impuestos creados por el nuevo Gobierno liberal y no obtuvieron beneficios de las tierras desamortizadas. 

Algunos se sumaron a las partidas de guerrilleros que luchaban por el retorno del absolutismo. Estos grupos llamados realistas, fueron ganando terreno en áreas rurales de Navarra, Galicia y Cataluña. En esta última se llegó a crear una regencia absolutista en la Seu d’Urgell.

Sin embargo, el Gobierno liberal sobrevivió a estos problemas, y su caída se debió a una intervención militar extranjera.

Las potencias de la Santa Alianza decidieron intervenir tras llegar a un acuerdo en el Congreso de Verona.Por lo que, en 1823, los llamados Cien mil hijos de San Luis, un ejército absolutista francés dirigido por el duque de Angulema, derrocaron el régimen liberal y restauraron el absolutismo en el Estado español.

4.3.La reacción absolutista: la década ominosa (1823-1833)

Fernando VII inició una etapa de represión que los liberales llamaron ominosa, un calificativo que la historiografía ha mantenido asociado con ese período.

La mayor parte de las personalidades que habían participado en el Gobierno liberal fueron perseguidas y tuvieron que exiliarse. También hubo numerosas ejecuciones, como las de Rafael del Riego, José María Torrijos o Mariana Pineda.También se cerraron periódicos y universidades, por lo que se restableció la censura.

A pesar de la voluntad del rey de recuperar el absolutismo, la situación económica era insostenible y requería medidas administrativas modernizadoras y más propias del sistema liberal. Fernando VII tuvo que reformar la Hacienda, crear el Banco de San Fernando y aprobar leyes que regularan el comercio.

Esto no fue del agrado de los defensores del absolutismo más radical, los realistas o apostólicos.

Por una parte, la oposición liberal continuó en sociedades secretas clandestinas y organizaron intentos de pronunciamientos. Por otra, los realistas no aprobaban las reformas administrativas y siguieron actuando a través de la guerrilla. Contaban con la ayuda de la Iglesia y de los campesinos de algunas zonas rurales de Cataluña, el País Vasco, Navarra, Aragón y Valencia. 

El pleito dinástico

El rey Fernando VII enviudó por tercera vez sin haber tenido descendencia, lo que situaba a su hermano menor Carlos María Isidro de Borbón como sucesor. Este se había declarado absolutista, por lo que constituyó la esperanza de los realistas para restaurar el Antiguo Régimen.

Sin embargo, Fernando VII se volvió a casar con su sobrina, María Cristina de Borbón, y esta tuvo una niña, Isabel. Al ser sucesora una mujer, Fernando VII tuvo que derogar la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres. El rey derogó esta ley con la Pragmática Sanción en 1830.

En 1832, los sectores apostólicos organizaron una conspiración, los sucesos de la Granja, mediante la cual obligaron a Fernando VII, muy enfermo, a derogar la Pragmática Sanción. Cuando el rey se recuperó, volvió a promulgarla para mantener a Isabel como heredera. Fernando murió en 1833 tras haber jurado el trono a su hija Isabel.

Carlos tuvo que renunciar al trono y la reina María Cristina, asumió la regencia. Esta contaba con el apoyo de los liberales moderados y los absolutistas reformistas, pero los realistas, que pretendían la entronización de Carlos María Isidro, rechazaron la monarquía vigente y le declararon la guerra. Así se inició la primera de las guerras carlistas. La implantación del nuevo orden liberal contó con la oposición de los partidarios del realismo.

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